La programación neurolingüística, o PNL, es uno de los enfoques relacionados con la psicología más conocidos y, al mismo tiempo, más controvertidos. El término resulta familiar incluso para muchas personas que apenas tienen relación con la psicología. Algunos lo han encontrado en libros de desarrollo personal, otros en cursos de negociación y ventas, y otros en relatos sobre una supuesta «influencia oculta» sobre los demás.
En unas pocas décadas, la PNL pasó de ser una idea poco común desarrollada por un pequeño grupo de investigadores a convertirse en toda una industria de libros, cursos y seminarios. Aun así, sigue generando opiniones muy distintas: algunos la consideran un conjunto útil de herramientas prácticas, mientras que otros mantienen una postura muy escéptica.
Para entender por qué la PNL llegó a ser tan popular y por qué provoca tantas discusiones, conviene empezar por su origen y por lo que sus creadores intentaban ofrecer...
La PNL como idea: ¿qué es y de dónde surgió?
La historia de la PNL comenzó en Estados Unidos durante la primera mitad de la década de 1970. Sus creadores fueron el lingüista John Grinder (John Grinder) y el estudiante Richard Bandler (Richard Wayne Bandler), que estudiaba psicología y filosofía. Les interesaba una pregunta bastante poco común: ¿por qué algunos psicoterapeutas obtienen resultados extraordinarios mientras que otros, aun utilizando las mismas teorías, trabajan de forma mucho menos eficaz?
En lugar de crear desde cero una nueva escuela psicológica, decidieron seguir otro camino. Grinder y Bandler comenzaron a estudiar detenidamente el trabajo de destacados terapeutas de su época para comprender qué hacían exactamente al comunicarse con sus clientes. Les interesaban menos las teorías que las acciones concretas: qué palabras utilizaban, cómo formulaban las preguntas, cómo cambiaba la entonación, cómo respondía el especialista a las emociones de la otra persona y cómo la ayudaba a mirar el problema desde otra perspectiva.
Prestaron especial atención al trabajo de la terapeuta familiar Virginia Satir (Virginia Satir), de Fritz Perls (Friedrich Salomon Perls), uno de los fundadores de la terapia Gestalt, y del psiquiatra Milton Erickson (Milton Erickson), conocido por su enfoque poco convencional de la hipnosis. Los creadores de la PNL plantearon que, si conseguían identificar patrones comunes en el trabajo de los profesionales más eficaces, sería posible enseñar esas habilidades prácticamente a cualquier persona.
De ahí surgió precisamente la palabra «programación» en el nombre. Se proponía que los pensamientos, las emociones y las formas habituales de comportamiento funcionan, en cierta medida, como programas que pueden estudiarse, modificarse y sustituirse por otros más útiles. El término «neuro» pretendía señalar la relación con el sistema nervioso, mientras que «lingüística» subrayaba la importancia del lenguaje y la comunicación en nuestra manera de percibir el mundo.
Para su época, la idea resultaba muy atractiva. En lugar de un largo proceso de trabajo personal, la PNL parecía prometer una especie de «manual de instrucciones» del pensamiento humano: descubrir cómo funciona una conducta eficaz y aprender a reproducirla. Esta promesa de cambios rápidos y comprensibles explica en buena medida el espectacular crecimiento de la popularidad de la PNL durante las décadas siguientes.
Técnicas populares de la PNL
Probablemente fueron sus técnicas prácticas las que hicieron de la PNL un enfoque tan popular. A la mayoría de las personas les interesa poco la historia de las escuelas psicológicas o las discusiones entre investigadores. Resulta mucho más importante otra cuestión: ¿puede algo de todo esto ser realmente útil en la vida cotidiana?
Una de las ideas más conocidas de la PNL es el llamado «anclaje». Su principio es bastante sencillo. Muchos conocemos una canción, un olor o un lugar capaces de devolver de repente emociones que creíamos olvidadas. Basta escuchar unas notas de una vieja melodía para recordar acontecimientos de hace muchos años —una graduación escolar o una primera cita— y, junto con los recuerdos, puede regresar también aquel estado emocional: alegría, nerviosismo o una sensación de calma.
Los practicantes de la PNL propusieron que este tipo de asociaciones podían crearse de manera consciente. Por ejemplo, antes de una presentación importante, una persona podría recordar varias veces una situación en la que se sintió segura y tranquila mientras realiza al mismo tiempo una acción sencilla, como presionar ligeramente el pulgar contra el índice. Si la asociación se repite suficientes veces, se supone que realizar después ese mismo gesto antes de otra presentación podría ayudar a recuperar la sensación de confianza. Incluso quienes nunca han oído hablar de la PNL hacen a veces algo parecido de forma intuitiva: alguien se pone su camisa «de la suerte» para un examen, otra persona lleva su bolígrafo favorito a una entrevista de trabajo y alguien escucha siempre la misma música antes de una competición.
Otra idea popular de la PNL está relacionada con el diálogo interno. Muchos habremos notado que hablamos constantemente con nosotros mismos, aunque a menudo ni siquiera prestemos atención a ello. Antes de una conversación difícil pueden repetirse mentalmente frases como: «Voy a estropearlo todo», «Se darán cuenta de que no soy lo bastante competente» o «Seguro que algo va a salir mal». Lo curioso es que, después de varios minutos de este diálogo interno, la ansiedad puede aumentar de verdad aunque todavía no haya ocurrido nada.
Los practicantes de la PNL proponían experimentar con la forma en que suena esa voz interior. ¿Qué ocurre si dejamos de imaginarla amenazante y segura de sí misma y la convertimos en algo gracioso o absurdo? Por ejemplo, podemos imaginar una frase que nos asusta pronunciada con la voz de un personaje cómico de dibujos animados o acelerarla mentalmente hasta transformarla en un murmullo sin sentido. Algunas personas señalan que su ansiedad disminuye después. Hoy pueden encontrarse ejercicios parecidos en algunos enfoques modernos de psicoterapia, aunque a menudo se explican mediante teorías muy diferentes.
Por último, alcanzó mucha popularidad la idea de los llamados sistemas representacionales. Los defensores de la PNL proponían que algunas personas perciben el mundo principalmente mediante imágenes visuales, otras mediante sonidos y otras a través de sensaciones y movimientos corporales. De ahí surgieron recomendaciones para prestar especial atención a las palabras del interlocutor. Si alguien dice: «Veo la solución a este problema», quizá le resulte más fácil procesar la información mediante imágenes y esquemas. Si dice: «Eso suena convincente» o «Necesito sentir que esta es la decisión correcta», supuestamente podría adaptarse la forma de comunicarse con esa persona.
Esta idea resultó especialmente atractiva para docentes, directivos y profesionales de ventas porque prometía una especie de «clave» para comunicarse de manera eficaz con la mayoría de las personas. Gracias precisamente a este tipo de técnicas prácticas y fáciles de comprender, la PNL se extendió rápidamente más allá de la psicoterapia y empezó a utilizarse en ámbitos como los negocios, la educación y el desarrollo personal.
¿Por qué existe tanta controversia en torno a la PNL?
La controversia en torno a la PNL comenzó prácticamente al mismo tiempo que aumentaba su popularidad. La razón no era solo lo poco convencional del enfoque. El principal problema consistía en que muchas ideas de la PNL parecían claras y convincentes en libros y cursos, pero resistían mal la comprobación mediante investigaciones científicas.
Por ejemplo, los defensores de la PNL afirmaban que cada uno de nosotros posee un sistema representacional dominante: una persona piensa principalmente mediante imágenes, otra mediante sonidos y otra a través de sensaciones corporales. Se suponía que ese sistema podía identificarse por las palabras, los movimientos oculares y ciertas características del comportamiento y que, después, esa información podía utilizarse para comunicarse de manera más eficaz. La idea sonaba atractiva: bastaría observar atentamente a nuestro interlocutor para comprender cómo piensa y cuál sería la mejor forma de influir en él.
Sin embargo, las investigaciones no han podido confirmar de manera fiable que los movimientos de los ojos permitan determinar la naturaleza de los pensamientos ni que adaptar el lenguaje al supuesto «sistema dominante» mejore de forma apreciable la comunicación. Esto no significa que las palabras y el comportamiento no verbal del interlocutor carezcan de importancia. Naturalmente, una persona atenta puede percibir tensión, confusión o interés. Pero de ahí no se desprende que exista un esquema preciso que permita saber, por la dirección de la mirada, si alguien está recordando un acontecimiento real, inventando una historia sobre la marcha o mintiendo.
Todavía más dudas generaron las promesas de cambios rápidos y casi universales. En cursos y libros populares podían encontrarse afirmaciones de que una determinada técnica era capaz de eliminar una fobia en cuestión de minutos, cambiar un hábito arraigado o mejorar de forma notable el estado psicológico. Para la ciencia, estos relatos no son suficientes. Para considerar eficaz un método es necesario comparar los resultados de grupos suficientemente grandes y analizar los datos estadísticamente.
Cuando los investigadores revisaron los estudios disponibles sobre la PNL, comprobaron que había relativamente pocos trabajos de buena calidad, que las muestras solían ser pequeñas y que seguía existiendo un riesgo considerable de errores y sesgos. Una revisión sistemática sobre los efectos de la PNL en la salud encontró solo unos pocos estudios experimentales adecuados y concluyó que no había datos fiables suficientes para respaldar su eficacia. Los autores, además, fueron prudentes: esto no demuestra que la PNL nunca pueda ayudar a nadie, sino que faltan pruebas de calidad que confirmen las capacidades que se le atribuyen.
Surge entonces una pregunta lógica: ¿por qué muchas personas siguen diciendo que las técnicas de PNL les han ayudado? La experiencia personal de utilidad y la demostración científica de un método no son lo mismo. Alguien puede sentirse más seguro simplemente porque un profesional le escucha con atención, le ayuda a centrarse en el problema y le propone un ejercicio comprensible. También pueden influir la expectativa de obtener resultados, el apoyo de un grupo durante un curso o el mero hecho de empezar a actuar activamente en lugar de limitarse a preocuparse.
Además, la PNL no surgió a partir de técnicas completamente nuevas y desconocidas. Sus autores observaron a psicoterapeutas experimentados, de modo que en la PNL pudieron incorporarse elementos de escucha atenta, cambio de perspectiva, trabajo con la imaginación y asociaciones emocionales que también aparecen en otros enfoques psicológicos. Algunas técnicas parecidas existen en formas reconocidas de psicoterapia, pero eso no confirma el sistema completo de la PNL ni sus explicaciones. Que un ejercicio concreto resulte útil no demuestra que sean correctas todas las afirmaciones que rodean al modelo.
Por esta razón, la psicología académica mantiene en general una postura escéptica hacia la PNL. Sus afirmaciones específicas cuentan con poco respaldo científico y sus grandes promesas suelen ir mucho más allá de las pruebas disponibles. Al mismo tiempo, algunos psicólogos, formadores y especialistas en comunicación siguen utilizando determinados elementos sin llamarlos necesariamente PNL. Toman aquello que consideran práctico: observar con atención al interlocutor, trabajar con las formulaciones, con la imaginación o con el estado emocional.
Por eso, el debate sobre la PNL rara vez se reduce a elegir entre «todo funciona perfectamente» y «nada de esto tiene sentido». Resulta más útil separar las técnicas que pueden ser prácticas de las teorías no demostradas y de las promesas exageradas. Una cosa es utilizar un ejercicio sencillo que ayuda a tranquilizarse antes de hablar en público. Otra muy distinta es afirmar que gracias a él se ha descubierto un código universal para controlar la mente humana.
¿Qué podemos aprovechar realmente de la PNL?
Si dejamos a un lado las grandes afirmaciones sobre reprogramar la personalidad, influir de forma oculta en otras personas y lograr cambios profundos en cuestión de minutos, queda un conjunto bastante sencillo e interesante de observaciones sobre el comportamiento humano.
Una idea que sí puede resultar útil es prestar atención a nuestro propio estado interno. Muchos habremos notado que antes de una conversación importante, un examen o una presentación el organismo parece empezar a trabajar en nuestra contra: los pensamientos se confunden, la respiración se vuelve superficial y la atención se concentra en todo lo que podría salir mal. En una situación así, los rituales sencillos que ayudan a recuperar una sensación de control y calma pueden ser realmente útiles. No importa demasiado si lo llamamos «anclaje» o de otra forma. Lo importante es si un método concreto nos ayuda a centrarnos y reducir la ansiedad.
También puede ser útil trabajar con el diálogo interno. Rara vez nos damos cuenta de hasta qué punto nuestros propios pensamientos pueden influir en nuestro estado de ánimo. Quien se repite continuamente «No voy a conseguirlo» difícilmente se sentirá seguro y tranquilo. A veces basta con sustituir esa formulación por otra más realista: no «Voy a fracasar», sino «Puedo cometer un error, pero eso no sería una catástrofe». Estos cambios pueden parecer pequeños, pero nuestra estabilidad emocional suele construirse precisamente a partir de ajustes de este tipo.
También tiene sentido prestar más atención a nuestro interlocutor. La PNL llegó a prometer una capacidad casi sobrenatural para «leer» a las personas por sus palabras o movimientos oculares. En la práctica, todo es mucho más sencillo. Si alguien habla despacio y con cautela, quizá necesite más tiempo para tomar una decisión. Si empieza a trabarse al explicar algo o se muestra claramente más tenso, puede ser una señal de que la conversación está entrando en un terreno incómodo para esa persona. Estas observaciones no nos convierten en expertos en influencia oculta, pero sí pueden ayudarnos a comunicarnos de una manera más atenta y eficaz.
Aquí se encuentra precisamente la frontera entre una herramienta útil y una ilusión peligrosa. Las herramientas pueden ayudarnos a comprendernos mejor a nosotros mismos y a los demás. Las ilusiones prometen soluciones rápidas para problemas complejos y métodos universales para controlar a las personas. La psicología suele ser mucho más compleja que cualquier receta universal.
Quizá la lección más útil de la PNL no esté en una técnica concreta, sino en la idea que inspiró en su momento a sus creadores: si observamos con atención a las personas que hacen algo bien, podemos aprender mucho de ellas. Al mismo tiempo, conviene recordar que la mente humana rara vez se ajusta a esquemas simples y que las promesas de cambios fáciles e inmediatos merecen especial cautela.
