Un caso de orientación vocacional
«Eligió química y después lo dejó. ¿Qué salió mal?»
Hace unos días tuve un caso interesante en mi práctica. La situación era la siguiente: una joven eligió química en el instituto como una de las asignaturas para sus exámenes de acceso. Le gustaba la materia, aprobó los exámenes y entró en una universidad especializada.
Poco más de un mes después decidió dejarlo. También influyeron circunstancias personales. Pero, según ella misma, incluso sin esas circunstancias probablemente habría abandonado igualmente, solo que algo más tarde. Sin embargo, en aquel momento, después de gestionar sus emociones y valorar los pros y los contras, decidió primero solicitar una pausa académica.
Lo que había realmente detrás
Durante la conversación quedó claro que no le gustaba la química únicamente por la materia en sí. Gran parte de su interés estaba relacionado con el profesor: con su personalidad y con la forma en que explicaba el contenido. También le atraían la estructura de la asignatura, su lógica, su carácter sistemático y su claridad. Al mismo tiempo, siempre le habían gustado los idiomas, especialmente el alemán, precisamente por esa misma estructura. Actualmente estudia islandés antiguo y se interesa por la historia escandinava.
Dónde estuvo el problema
La elección no surgió del núcleo interno de sus intereses, sino de la simpatía por el profesor, de una buena experiencia con la asignatura y de la sensación de «esto se me da bien». Y no se trata de una «mala» elección. Al contrario, en orientación vocacional solemos buscar aquello hacia lo que un adolescente siente una inclinación natural. Pero en este caso esa inclinación no funcionó. Porque la elección se apoyaba en razones externas y no en el núcleo interno de su interés.
¿A qué conclusión llegamos?
Detrás de esos «intereses diferentes» apareció un mismo núcleo:
- atracción por la estructura
- capacidad para sistematizar la información
- interés por los idiomas — y por el conocimiento en general — como sistemas
- amplios conocimientos y una gran capacidad analítica
No es un perfil puramente «de letras» ni puramente «de ciencias»: es un perfil híbrido.
Hacia dónde puede llevar
Analizamos varias posibilidades:
- lingüística aplicada
- lingüística + tecnología (incluida la IA)
- traducción (incluida la traducción especializada)
- edición y trabajo con textos
- trabajo con materiales culturales e históricos
También consideramos la investigación y la actividad educativa. Una idea provocó una reacción inesperadamente fuerte: la consultoría para la creación de mundos — trabajar en proyectos culturales en la intersección entre idiomas, historia y narrativa, por ejemplo como diseñadora narrativa. En esa posibilidad se unían:
- idiomas
- historia
- estructura
- interés
En cuanto encontramos esta idea, apareció una reacción muy viva: «Ah, esto es interesante» — se le iluminaron los ojos y se inclinó hacia delante casi sin darse cuenta. No era simplemente un «encaja» racional, sino una auténtica respuesta emocional. Al mismo tiempo, tiene muy claro qué espera del trabajo: necesita una profesión base sólida y está dispuesta a construir el resto más adelante. Describe su trabajo ideal como tranquilo, con una cantidad moderada de comunicación, intelectualmente exigente, sin una jerarquía rígida y con suficiente libertad dentro de la propia actividad.
Qué es importante entender aquí
El interés por una asignatura no equivale al interés por una profesión. Puede gustarnos una clase y, al mismo tiempo, no querer dedicar nuestra vida a ese ámbito. Pero también puede ocurrir que detrás de intereses muy distintos exista un mismo núcleo. En este caso, ese núcleo era la estructura y el pensamiento sistemático.
También es importante comprender con claridad las propias prioridades. En un momento dado, ella comentó que aquella experiencia había sido desagradable, pero aun así útil: le permitió entender qué no le encajaba y le mostró un camino que en realidad no quería seguir. En cierto sentido, quizá le haya ahorrado años de vida más adelante.
Equivocarse al elegir no es fracasar, sino precisar. Si somos capaces de reflexionar sobre la experiencia, no nos hemos «desviado del camino», sino que hemos avanzado. La mejor orientación vocacional no consiste en «dar una respuesta». Consiste en ayudar a alguien a verse con mayor claridad y ampliar el campo de posibilidades.
A veces alguien llega pensando: «he elegido mal». Y se marcha con la sensación de que «empiezo a entender qué me encaja». Y eso es mucho más valioso que recibir simplemente una lista de profesiones adecuadas.
Si te reconoces en esta situación, no significa necesariamente que te hayas equivocado. Quizá sea simplemente la siguiente etapa de tu elección.