
Cada primavera, especialmente cuando se acercan los exámenes, llegan a consulta con la misma frase: «No sé qué quiero ser. Pero ya tengo que elegir». Y esto no tiene que ver con la «pereza» ni con la «indecisión». Se trata de una situación en la que hay que tomar una decisión sin contar todavía con suficientes puntos de apoyo para hacerlo.
Además, para entonces suele ocurrir que:
- los exámenes ya se han elegido de manera formal
- los plazos empiezan a apretar
- todo el mundo alrededor parece haber «decidido» algo
Y aparece la sensación de que vas tarde. Aunque en realidad no es así.
¿Cuál es entonces el principal problema? Cuando pensamos en el futuro, intentamos responder a la pregunta: «¿Qué quiero ser?» Pero es una pregunta demasiado amplia y abstracta. A los 16 o 17 años resulta casi imposible responderla. Y entonces empieza el ir y venir:
- de una opción a otra
- entre «esto me gusta» y «¿pero qué pasa si no sale bien?»
- entre «quiero» y «tengo que»
Y la decisión se aplaza o se toma casi al azar. Mientras tanto, la ansiedad va creciendo: el futuro asusta y el presente empieza a ejercer presión. ¿Por dónde tiene sentido empezar? En lugar de preguntarnos «qué quiero ser», propongo partir de cuestiones más concretas:
1. ¿Qué se me da ya mejor que a otras personas?
No solo «me gusta / no me gusta», sino dónde existe una capacidad real. Eso puede convertirse en la base de una futura profesión.
2. ¿En qué condiciones puedo trabajar bien?
A algunas personas les encajan el dinamismo y el contacto con los demás; otras prefieren un trabajo tranquilo y analítico. Y, aunque parezca curioso, muchas veces lo sentimos sobre nosotros mismos de forma bastante intuitiva.
3. ¿Qué opciones están realmente a mi alcance ahora?
No una «profesión ideal», sino una combinación de capacidades + exámenes + mercado laboral.
En esta etapa no hace falta buscar «una única elección correcta». Lo importante es reunir entre 2 y 4 opciones razonables entre las que ya se pueda elegir.
¿Qué es importante entender? Elegir una profesión no es una decisión «para toda la vida». Es el primer paso de una trayectoria. Pero conviene dar ese paso no al azar, sino entendiendo:
- en qué te apoyas
- adónde puede llevarte
- dónde existe el riesgo de quedar «atrapado»
Si ahora mismo sientes «no sé hacia dónde ir». Es un punto normal. Oportuno. Válido. Pero no necesita simplemente tranquilidad, sino análisis. Precisamente trabajo con este tipo de situaciones: ayudo a reunir opciones, descartar lo que no encaja y construir una ruta clara hacia el futuro profesional.
