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    Los conocidos en común nos ayudan a mantener el contacto con quienes piensan de manera diferente

    Suele considerarse que las burbujas informativas son creadas principalmente por los algoritmos de las redes sociales. Nos muestran contenidos parecidos a aquellos que ya nos han interesado y, poco a poco, nos rodean de opiniones familiares. Sin embargo, un nuevo estudio recuerda que nosotros también participamos en la creación de estas burbujas cuando decidimos con quién seguir en contacto y a quién dejar de seguir.

    Investigadores de la Universidad de Michigan y de la Universidad de Duke crearon una red social experimental en la que los participantes podían conocer las opiniones de otros sobre distintos temas sociales. En el estudio participaron 373 personas. En total, tomaron 7.328 decisiones sobre si mantener la conexión con otro usuario o romperla.

    El resultado fue bastante previsible: los participantes interrumpían el contacto con mucha más frecuencia con quienes tenían creencias diferentes de las suyas. Cuanto mayor era el desacuerdo, mayor era la probabilidad de romper la conexión.

    Así es como puede ir formándose poco a poco una burbuja informativa. No necesariamente buscamos de manera deliberada un espacio en el que todo el mundo piense igual. A veces simplemente vamos eliminando, una tras otra, a las personas cuyas publicaciones nos provocan irritación, ansiedad o ganas de discutir. Como resultado, nuestro entorno social se vuelve cada vez más homogéneo, mientras que otras opiniones empiezan a parecernos raras, extrañas o completamente inaceptables.

    Sin embargo, el estudio también identificó un factor que ayudaba a mantener el contacto incluso cuando había desacuerdo. Si los participantes veían que compartían conocidos con otro usuario, era menos probable que rompieran la conexión con él.

    La similitud de las creencias y la existencia de vínculos sociales compartidos actuaban de forma independiente. Los conocidos en común no hacían que los participantes estuvieran de acuerdo ni eliminaban el rechazo hacia la postura ajena. Pero hacían que la relación con la persona que sostenía esa postura fuera más estable.

    Es posible que la presencia de conocidos en común impida que percibamos a alguien con quien discrepamos como una persona completamente ajena. Sigue formando parte de un espacio social conocido y está conectado con personas en las que ya confiamos. El desacuerdo no desaparece, pero se convierte solo en un aspecto de la relación, y no en el único motivo para decidir si mantener el contacto o ponerle fin.

    Como los propios investigadores modificaban la información que los participantes veían sobre los vínculos compartidos, puede afirmarse que, en las condiciones del experimento, este factor influyó directamente en las decisiones tomadas. Sin embargo, los resultados deben trasladarse a las redes sociales reales con cautela. El experimento se desarrolló en un entorno creado artificialmente y los participantes tomaban decisiones aisladas sobre usuarios desconocidos. Las relaciones reales se construyen durante años y dependen de muchas circunstancias que no pueden reproducirse en un laboratorio.

    El estudio no demuestra que una etiqueta de «amigo en común» pueda librar a la sociedad de la polarización. Pero sí muestra que las burbujas informativas no surgen únicamente por el funcionamiento de los algoritmos. También se forman a partir de nuestras propias decisiones sobre a quién estamos dispuestos a mantener cerca cuando nos encontramos con opiniones diferentes.

    Y quizá un vínculo social compartido pueda convertirse a veces en ese hilo fino que nos ayuda a no transformar una diferencia de opiniones en una ruptura total de la comunicación.

    Fuente: Clint McKenna, Ashley Harrell & Ashley Anderson. “Belief consonance and cues of structural embeddedness jointly shape curation in online social networks”, Scientific Reports, 2026

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