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    Entramos en una habitación y olvidamos para qué habíamos ido. Pasamos varios minutos buscando el teléfono que todo el tiempo estaba a nuestro lado. Releemos un párrafo y no conseguimos recordar ni una palabra. Aparece la preocupación: antes parecía que esto no ocurría. ¿De verdad está empeorando nuestra memoria?

    Este tipo de fallos también ocurre en personas jóvenes y sanas. Sin embargo, un nuevo estudio muestra que la sensación de tener una memoria poco fiable no siempre significa que hayan disminuido las propias capacidades cognitivas. A veces está más relacionada con la calidad del sueño y con nuestro estado emocional.

    La inteligencia artificial moderna puede responder con tanta sensibilidad que a veces crea la impresión de una comprensión auténtica. Elige palabras cuidadosas, reconoce nuestros sentimientos y mantiene la conversación. Pero ¿es capaz no solo de hablar sobre emociones, sino de reconocerlas realmente a partir de la voz y los movimientos? El 3 de septiembre de 2026, la revista Scientific Reports publicó los resultados de un estudio de David Piterman y sus colegas sobre la capacidad de la IA generativa para reconocer manifestaciones no verbales de las emociones. Los investigadores probaron tres modelos multimodales de la familia Gemini y compararon su precisión con la de personas que realizaron tareas similares.

    La inteligencia artificial está cada vez más presente en nuestra vida y, con ella, aparecen conversaciones sobre una nueva ola de ansiedad. Tememos perder el trabajo, nos preocupa la seguridad de nuestros datos personales, nos inquieta no poder adaptarnos a las nuevas tecnologías y nos preguntamos hasta dónde puede llegar realmente el desarrollo de la IA.

    Todas estas preocupaciones suelen agruparse bajo una misma expresión: «ansiedad ante la inteligencia artificial». Sin embargo, un nuevo estudio muestra que detrás de ella hay distintos tipos de inquietudes que pueden aparecer de forma independiente.

    Investigadores de las universidades de Pisa y Bergen desarrollaron una escala específica llamada AISAS, diseñada para medir el estrés y la ansiedad relacionados con la IA. El trabajo constó de dos estudios prerregistrados realizados con adultos del Reino Unido. Las muestras se formaron teniendo en cuenta la edad, el sexo y el origen étnico de la población del país.

    Suele considerarse que las burbujas informativas son creadas principalmente por los algoritmos de las redes sociales. Nos muestran contenidos parecidos a aquellos que ya nos han interesado y, poco a poco, nos rodean de opiniones familiares. Sin embargo, un nuevo estudio recuerda que nosotros también participamos en la creación de estas burbujas cuando decidimos con quién seguir en contacto y a quién dejar de seguir.

    Investigadores de la Universidad de Michigan y de la Universidad de Duke crearon una red social experimental en la que los participantes podían conocer las opiniones de otros sobre distintos temas sociales. En el estudio participaron 373 personas. En total, tomaron 7.328 decisiones sobre si mantener la conexión con otro usuario o romperla.

    El resultado fue bastante previsible: los participantes interrumpían el contacto con mucha más frecuencia con quienes tenían creencias diferentes de las suyas. Cuanto mayor era el desacuerdo, mayor era la probabilidad de romper la conexión.

    Cuando nos sentimos mal, a menudo esperamos que primero vuelvan las fuerzas, el interés y las ganas de hacer algo — y que solo después podamos volver a salir de casa, relacionarnos con otras personas, trabajar o retomar nuestras actividades habituales. Sin embargo, las investigaciones sobre activación conductual muestran que esta secuencia también puede funcionar al revés: a veces primero aparece una pequeña acción y solo después nuestro estado empieza a cambiar poco a poco.

    En agosto de 2026, la revista Clinical Psychology Review publicó la revisión más amplia hasta la fecha sobre activación conductual en la depresión. Los autores reunieron los resultados de 105 estudios aleatorizados en los que participaron casi 14.000 pacientes.

    La activación conductual es un método de psicoterapia basado en reincorporar gradualmente a nuestra vida actividades que pueden ser importantes, útiles o capaces de proporcionarnos al menos una pequeña sensación de satisfacción. En la depresión, estas actividades suelen ir desapareciendo. Vemos menos a las personas cercanas, dejamos de lado las tareas habituales, nos movemos menos y nos alejamos cada vez más de aquello que antes daba sentido a nuestra vida.

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