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    Por qué sentimos que nuestra memoria está empeorando

    Entramos en una habitación y olvidamos para qué habíamos ido. Pasamos varios minutos buscando el teléfono que todo el tiempo estaba a nuestro lado. Releemos un párrafo y no conseguimos recordar ni una palabra. Aparece la preocupación: antes parecía que esto no ocurría. ¿De verdad está empeorando nuestra memoria?

    Este tipo de fallos también ocurre en personas jóvenes y sanas. Sin embargo, un nuevo estudio muestra que la sensación de tener una memoria poco fiable no siempre significa que hayan disminuido las propias capacidades cognitivas. A veces está más relacionada con la calidad del sueño y con nuestro estado emocional.

    Cuando las quejas y los resultados de los tests no coinciden

    El 5 de septiembre de 2026, la revista BMC Psychology publicó un estudio de Márta Volosin, Fanni Mercédesz Kovács y Eszter Csábi, de las universidades de Szeged y Semmelweis, en Hungría. Las autoras quisieron averiguar qué hay detrás de las quejas cotidianas de los jóvenes sobre la memoria, la atención y la distracción.

    En el estudio participaron 125 adultos jóvenes, con una edad media de 21 años. Respondieron preguntas sobre fallos cognitivos, calidad del sueño, estado emocional y bienestar, y además realizaron tareas neuropsicológicas que evaluaban la memoria y las funciones ejecutivas — las capacidades para mantener un objetivo, controlar la atención y cambiar de una tarea a otra.

    El resultado fue inesperado. Los participantes que informaban con más frecuencia de olvidos y distracción no obtenían peores resultados en las tareas cognitivas objetivas. Sin embargo, el número de estas quejas sí estaba relacionado con una peor valoración subjetiva de la calidad del sueño y con síntomas depresivos más marcados.

    En otras palabras, la sensación de que «mi memoria ha empeorado» no reflejaba en esta muestra un deterioro medido de la memoria. Estaba mucho más relacionada con cómo dormían los participantes y con cómo se sentían emocionalmente.

    Un fallo cotidiano no es imaginario

    Es fácil sacar una conclusión equivocada de este resultado: si los tests son normales, entonces nos lo hemos inventado todo. Pero una contraseña olvidada, una cita perdida o unas llaves extraviadas son completamente reales. La cuestión no es si el fallo ocurrió, sino qué significa exactamente. La capacidad cognitiva objetiva y la sensación subjetiva de su fiabilidad no son lo mismo.

    En una tarea de laboratorio recibimos una instrucción clara, una cantidad limitada de información y un objetivo concreto. En la vida cotidiana, en cambio, podemos estar respondiendo mensajes, pensando en el trabajo, con prisa, preocupados por una conversación e intentando recordar dónde dejamos unos documentos — todo al mismo tiempo. Incluso una buena memoria no funciona separada de la atención, el cansancio y la carga emocional.

    Además, no evaluamos nuestra memoria con estadísticas rigurosas. Rara vez contamos todas las veces que recordamos correctamente un nombre, cerramos la puerta, cumplimos una promesa o llegamos a tiempo a una cita. Recordar bien nos parece natural y casi no llama la atención. Un error, en cambio, irrita, asusta y permanece en la memoria. Por eso, unos pocos episodios especialmente desagradables pueden crear una sensación general: «Lo olvido todo constantemente», aunque la mayoría de las tareas cotidianas sigan realizándose con normalidad.

    Cómo el estado emocional cambia la forma en que vemos nuestras capacidades

    Cuando estamos mal, no solo cambia nuestro estado de ánimo, sino también la forma en que valoramos lo que ocurre. Los errores se vuelven más visibles y la confianza en nuestras propias capacidades se debilita. Una distracción normal puede dejar de parecer un simple despiste y convertirse en una prueba de que algo va mal.

    En psicología, la capacidad de valorar cómo funcionan nuestra propia memoria, atención y pensamiento se denomina metacognición. Nos ayuda a comprender qué sabemos, qué no recordamos y hasta qué punto podemos confiar en nuestro propio juicio. Pero esta evaluación interna no es un instrumento de medición imparcial. Está influida por las expectativas, la ansiedad, el estado de ánimo y la experiencia previa.

    Si ya tememos habernos vuelto más distraídos, el siguiente pequeño olvido confirma fácilmente esa creencia. Los casos que la contradicen llaman mucho menos la atención. Poco a poco puede aparecer una brecha: las capacidades cognitivas pueden mantenerse igual, mientras disminuye la confianza en ellas.

    Las autoras del estudio sugieren que las quejas de los jóvenes pueden reflejar más la preocupación por sus propias capacidades que un deterioro real. Sin embargo, eso no significa que esta preocupación sea irrelevante. La sensación constante de que la propia memoria no es fiable puede generar tensión por sí misma y dificultar los estudios, el trabajo y la confianza cotidiana.

    Por qué aquí importa el sueño

    La relación con la calidad del sueño tampoco sorprende. Después de una noche inquieta cuesta más mantener la concentración, resistir las distracciones y conservar en mente la tarea actual. A veces, el problema que llamamos mala memoria aparece antes — en el momento de registrar la información.

    Si dejamos las llaves en una estantería mientras leemos un mensaje y pensamos en una conversación desagradable, es posible que la información sobre las llaves simplemente no haya recibido suficiente atención. Más tarde lo vivimos como un olvido, aunque quizá nunca llegó a formarse un recuerdo estable.

    Existe otra posibilidad: dormir mal afecta a cómo nos sentimos y aumenta la sensación de fatiga mental. En ese caso no necesariamente realizamos peor una tarea, pero nos exige más esfuerzo y puede interpretarse como una señal de que nuestras capacidades están disminuyendo.

    Es importante, sin embargo, que el estudio evaluó la calidad subjetiva del sueño. Muestra una relación entre la percepción de problemas de sueño y las quejas cognitivas, pero no establece la causa fisiológica exacta de esas quejas.

    Lo que el estudio no demuestra

    El trabajo fue correlacional. Por eso no se puede afirmar que las alteraciones del sueño o los síntomas depresivos causen necesariamente la sensación de que la memoria ha empeorado.

    Son posibles distintas direcciones de la relación. Dormir mal y tener un estado de ánimo bajo pueden aumentar la distracción y la desconfianza en uno mismo. La preocupación constante por los errores, a su vez, puede empeorar el sueño y el estado de ánimo. Por último, un tercer factor puede influir al mismo tiempo en todo ello — por ejemplo, el estrés prolongado o la sobrecarga.

    El estudio tampoco permite concluir que las quejas de memoria de los jóvenes sean siempre infundadas. Participó un grupo relativamente pequeño de adultos jóvenes sanos, y las tareas de laboratorio no reproducen toda la complejidad de la vida cotidiana. Es posible que no detectaran dificultades más sutiles que solo aparecen con cansancio, falta de tiempo o muchas distracciones.

    Los resultados no pueden trasladarse automáticamente a personas mayores, pacientes con enfermedades neurológicas o personas cuyos cambios de memoria aparecieron de forma repentina y empeoran claramente. La autoevaluación del sueño y de los síntomas depresivos tampoco equivale a un diagnóstico médico.

    Las quejas de memoria no hablan solo de la memoria

    El principal valor del estudio no consiste en decirnos que no debemos creer en nuestras propias sensaciones. Más bien, ayuda a comprenderlas de forma más amplia. Cuando sentimos que la memoria se ha vuelto poco fiable, conviene mirar más allá de los fallos concretos. Quizá ha cambiado la calidad del sueño, se ha acumulado el cansancio, cuesta más concentrarse o ha disminuido la confianza en uno mismo. A veces, una queja sobre la memoria es el lenguaje con el que nuestro estado general nos habla de sobrecarga.

    Eso no significa que debamos ignorar cambios persistentes o que interfieren en la vida diaria. Pero tampoco cada pequeño olvido indica necesariamente un deterioro de las capacidades cognitivas.

    La memoria realmente puede fallarnos. Sin embargo, nuestra sensación de con qué frecuencia y con qué gravedad ocurre no depende solo del funcionamiento de la memoria. También refleja cómo dormimos, qué sentimos y cuánto confiamos en nuestra propia mente. A veces, lo que necesita atención no es la capacidad de recordar en sí, sino el estado en el que nos resulta difícil confiar en ella.

    Fuente: Márta Volosin, Fanni Mercédesz Kovács & Eszter Csábi. “Self-rated cognitive failures in young adults are associated with depression and sleep disturbances, not objective cognitive performance”, BMC Psychology, 5 de septiembre de 2026

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